¿Que sabemos del suicidio adolescente?

Es la tercera causa de muerte entre los 15 y 24 años

 

suicidio

Fortalecer la relación padre-hijo, conversar y compartir con ellos y conocer a sus amigos son esenciales para prevenir o atender estados mentales severos en nuestros hijos

 

Edda Pujadas, @epujadas

Aunque no tenemos más alternativa que asumir que la muerte es parte de la vida misma, este siempre ha sido un tema sensible para todos, especialmente, cuando vemos partir a nuestros seres queridos. Si de la muerte, pasamos al suicidio, el sentimiento es aún más desconsolador.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) durante el año 2013 se registraron 41 mil 149 suicidios en Estados Unidos, haciendo del suicidio la décima causa de muerte. De este total de personas que decidieron quitarse la vida, 4 mil 485 (10.9 %) eran jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 24 años.

Estas cifras colocan al suicidio como la tercera causa de muerte de los adolescentes. De acuerdo al Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés), se estima que hay de ocho a 25 intentos de suicidio por cada suicidio concretado y la proporción es aún mayor entre los jóvenes, siendo las armas de fuego utilizadas en más de la mitad de los suicidios adolescentes.

PREVENCION

Lamentablemente, nada podemos hacer si conocemos las cifras y no actuamos en consecuencia porque el suicidio adolescente no es un problema individual ni familiar, es un problema social que nos involucra y afecta a todos, así que, conociendo sus causas y desencadenantes, podemos ayudar a prevenirlo.

“Es indispensable reforzar la relación padre-hijo”, recomienda la doctora Erika Angulo.
“Es indispensable reforzar la relación padre-hijo”, recomienda la doctora Erika Angulo.

La psicóloga especializada en educación familiar y asesora de salud mental, Erika Angulo, nos comenta que, aunque es difícil hablar de una causa especifica que puede llevar a un adolescente a tomar la decisión de suicidarse, si se podría hablar de factores de riesgo que podrían llevarlo a tomar esta fatal decisión.

“Entre estos factores de riesgo, podemos mencionar: sentirse avergonzado, culpable o como una carga para los demás; tener complejo de víctima; sufrir sentimientos de rechazo; pérdida de alguna relación que puede ser significativa para él o ella; soledad; consumo de drogas o alcohol;  trauma emocional o enfermedades de salud mental y una enfermedad física grave, por ejemplo”, explica la doctora Angulo.

“Hay que entender”, continúa indicando la especialista en salud mental, “que la adolescencia es un período del desarrollo de mucho estrés, lleno de cambios muy importantes: cambios en el cuerpo, cambios en las ideas y cambios en los sentimientos. El intenso estrés, confusión, miedo e incertidumbre, así como la presión por el éxito y la capacidad de pensar acerca de las cosas desde un nuevo punto de vista influye en las capacidades del adolescente para resolver problemas y tomar decisiones”.

Estudios del Sistema de Salud Mental de la Universidad de Miami indican que los adolescentes pasan de la alegría a la tristeza muy rápido, sin embargo, si estos periodos de tristeza son muy prologados o la melancolía es excesiva, podrían indicarnos la existencia de problemas psicológicos.

Otras señales para tener en cuenta pueden ser: dificultad para concentrarse, que el adolescente regale sus pertenencias, perdida de interés en actividades que solía disfrutar, tener comportamientos autodestructivos, alejarse de sus amigos o familiares y hablar acerca de la muerte o el suicidio.

El estudio de la Universidad de Miami también acota que los factores de riesgo del suicidio varían de acuerdo a la edad, el sexo y las influencias culturales y sociales, pero que debe estarse alerta ante trastornos mentales diagnosticables o abuso de sustancias, comportamientos impulsivos, problemas familiares, antecedentes de suicidio propios o de algún familiar, violencia en el hogar o presencia de armas de fuego en la casa.

La observación de ciertos comportamientos también nos puede ayudar a darnos cuenta que algo anda mal con nuestro adolescente. Por ejemplo, cambios en los hábitos alimenticios y del sueño, pérdida de interés en las actividades habituales, descuido del aspecto personal, aumento de molestias físicas asociadas a conflictos emocionales (dolores de estómago, de cabeza y fatiga), pérdida de interés por la escuela o el trabajo escolar, sensación de aburrimiento y dificultad para concentrarse.

El aspecto positivo de conocer todas estas señales de alerta es que nos permiten actuar en consecuencia, pues el reconocimiento y la intervención temprana en los trastornos mentales y de abuso de sustancias es la forma más eficaz de prevenir el suicidio y el comportamiento suicida. Varios estudios han demostrado que los programas de prevención del suicidio con más probabilidad de éxito son aquéllos orientados a la identificación y el tratamiento de las enfermedades mentales y el abuso de sustancias, el control de los efectos del estrés y de los comportamientos agresivos.

Mantener una comunicación abierta con el adolescente y sus amigos brinda una oportunidad para ayudar cuando sea necesario, por lo que la doctora Angulo recomienda a los padres reforzar los lazos de confianza con sus hijos y tener presente que, “aunque los adolescentes puedan llegar a rechazar algunas muestras físicas de cariño como los besos o abrazos, ellos aun necesitan el amor y cariño de sus padres”.

“De la misma manera, los adolescentes necesitan que implementemos, como padres, limites sanos y justos que vayan de acuerdo a la edad y desarrollo del joven. Es importante entender que en la adolescencia emerge una necesidad por construir su propia identidad, donde el pertenecer a un grupo cobra un valor crucial en la vida del joven y el tiempo que desean pasar con sus amigos se acrecienta, todo esto como preparación para la vida futura. No obstante, es importante conocer y estar atentos de quiénes son los amigos de nuestros hijos y tener límites sanos, sin autoritarismo, que guíen y al mismo tiempo fortalezcan la relación padre-hijo”, recomienda la doctora Angulo.

“De una manera especial nuestros adolescentes necesitan que establezcamos momentos de intimidad con ellos, donde se sientan especiales, donde existan puntos de conexión entre padre e hijo y donde entendamos aún mejor cuáles son sus gustos y necesidades en este momento de su vida. Una ida a cine, caminar en el parque, ver un juego en la televisión o hasta ir a la peluquería con nuestra hija, puede abrir espacios de expresión con sus hijos, que algunas veces pueden llegar a ser difíciles de encontrar en la cotidianidad”, agrega.

Igualmente, hay que tomar en cuenta que las amenazas de suicidio significan desesperación y un pedido de auxilio. Siempre se deben tener en cuenta muy seriamente los sentimientos, pensamientos, comportamientos o planes de suicidio. Todo niño o adolescente que expresa ideas de suicidio debe ser sometido a una evaluación inmediatamente y todo adolescente que haya intentado suicidarse requiere un tratamiento hasta recuperar la estabilidad física.

Para mayor orientación puede consultar a un especialista o visitar la página web del National Suicide Prevention Lifeline: www.suicidepreventionlifeline.org. También está disponible la línea: 1800273-talk (8255).

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